-
Vaya,
vaya. Esto se pone muy interesante
Sonrió malvadamente Junsu, dejándose caer sobre la silla
frente al escritorio. Park Yoochun apenas alzó la vista de las facturas que
repasaba en el ordenador.
-
¿Todo
bien, cariño?
-
Oh,
sí amor. Todo perfectamente bizarro, pero bien.
Yoochun alzó una oscura ceja en su dirección, sin ningún
otro gesto en su cara.
-
Imagino
que el asunto del chico está concluido
Junsu asintió,
jugando con unos papeles entre sus dedos
-
Bien.
No necesitamos más personal
eso zanjaba la cuestión. Se volvió hacia su ordenador, pero
algo le inquietó. Junsu estaba en silencio, e Junsu nunca dejaba que nadie tuviera
la última palabra. Le conocía demasiado bien. No por nada llevaban 10 años
juntos. Se preparó para ello cuando le oyó suspirar.
-
¿Sabías
que el bar fue una antigua iglesia metodista de principios de 1900?
-
Por
supuesto. Fui yo quien compró el edificio.
-
Con
la herencia de tu tío- él solo asintió- Mmhh. Siempre me pregunté porqué habías
dejado el vitral en esa ventana.
-
Es antiguo.
-
Pero
cambiaste los otros
Yoochun le miró a los ojos. Junsu alzó las manos
-
Solo
digo, que me parece curioso... ¿Sabías que la luna llena se refleja allí? Y
estalla en prismas de colores dijo con gesto teatral.
-
A
dónde quieres ir? Suéltalo ya
Junsu se acercó a él, enredando los dedos en su cabello, de esa
manera sexy que tenía cuando quería algo.
-
Hay
un escritor incipiente, enamorado de tu local y de tu ventana. Y vino a
pedir... No, ha suplicar que le dejásemos trabajar aquí. Sin sueldo. Solo quiere
comida y transporte.
-
No
nos hace falta personal.
-
Tal
vez algo de limpieza, fregar los suelos. El baño... ya sabes que como se pone Heechul
cuando le toca limpiar el baño.
-
No
tenemos presupuesto.
-
Tal
vez por un par de semanas... Claro, bajo estrecha vigilancia. Nada de acercarse
a la caja. Heechul le vigilará como un halcón
Yoochun sonrió. Qué él era el jefe? Vaya patraña, podría haber
comprado el edificio y pagar las facturas, y encargarse de todo lo legal, pero
no era quien tenía la última palabra.
Kim Junsu, era un coreano implacable, tanto en la cama como fuera de
ella, y Yoochun, con toda su sangre Japonesa no podía contra él, cuando se le
metía algo en la cabeza. Miró a los ojos de su amante.
-
¿Razones?
-
Bueno,
es un artista en germinación, algo desesperado debo decir. Ama el local. Y...
Junsu le dio una sonrisa malvada.
-
Y?
-
Creo
que Yunho siente algo por él
Yoochun alzó una ceja. Jung Yunho llevaba con ellos dos
años. Había dejado la universidad sin acabar y se había dedicado a trabajar desde
los 21.
Era una belleza masculina de 1.86, pero no rezumaba
testosterona por todos los poros, como se podría pensar.
Si hubiera una palabra para describirlo, Junsu habría dicho
de inmediato “oso de miel”; Yunho parecía un animal sexy y peligroso a simple
vista, pero Junsu se lo imaginaba perfectamente a juego con un pijama de Pororo
y zapatillas de peluche, tomando cocoa bajo su manta favorita en el invierno. Y
todo, porque la primera vez que le invitaron a comer (costumbre que tenían al
cerrar un contrato) pidió de postre el “mega helado de choco-crunchis” y
prácticamente babeó, cuando la empleada que les tomó nota sacó un bolígrafo del
mencionado beagle.
Como no pudo despegar sus ojos del bolsillo donde estaba el
lapicero, terminó la comida con la pícara empleada alargándole una nota con su
número.
Junsu todavía se reía de ello, recordando la expresión
sonrojada del chico. Pero no era de extrañar. Yunho tenía algo de los nativos Coreanos,
evidente por las facciones de su rostro, aunque su piel era más clara que los
habituales coreanos de esas zonas y sus ojos marrones eran tan claro, que con
un ligero efecto de la luz, parecían Dorados.
Extraña y bella combinación que llamaba poderosamente la
atención, junto con su aparente ferocidad. Se había criado en hogares de
acogida. Era un buen chico, serio y responsable. Nunca había cedido a los coqueteos
de Junsu, y eso Yoochun lo agradecía.
Sabía que había tenido citas de vez en cuando, fuera del
horario de trabajo (información proporcionada por “el chismorreo 24 horas” de Heechul)
pero nada formal. Y parecía que así se mantenía hasta ahora. Quizás nadie
llenaba sus expectativas.
La mayoría de los clientes del bar intentaban llamar su
atención, de forma indirecta y a veces demasiado directa, pero el chico parecía
haber dibujado un halo en torno a él que le hacía parecer distante. Y eso, para
los cazadores de presas mayores era un reto más que excitante.
Por eso habían puesto una cámara fuera de la puerta, aparte
de la de la barra. Querían mantenerle seguro. O quizás, a los clientes que se
atrevieran a pasar su línea territorial.
Yunho tenía músculos suficientes como para mandar a
cualquier indeseable al otro lado de la calle, aunque de Momento eso nunca
había pasado.
Junsu se reía de ello, diciendo que su lado “Pororo” ganaba
siempre la batalla. Pero aún así, había una diferencia entre ser amable y
“estar interesado”.
Además, Junsu había dicho “sentir algo por él” y había un
mundo de significados en esas palabras, Yoochun lo sabía bien. Por eso era tan
raro que un chico salido de la nada, que se auto proclamaba “escritor”, y de
aspecto tan poco interesante, llamara su atención.
Si quisiera, Yunho podría tener chicos guapos y dispuestos a
sus pies cada noche (fuera del horario de trabajo, claro) Era un caso por lo
demás intrigante. Además, Junsu parecía vibrar con la idea.
Yoochun suspiró, pasándose la mano por la cara ¿Cuándo
llegaría el día de su jubilación? Amaba su bar y oh sí, amaba su vitral que
miraba hacia su tierra natal, pero a veces era tan duro...
Sabía, desde que había iniciado la conversación, que no iba
a ganar. Solo le quedaba una cosa por hacer.
-
Dos
semanas, nada más. Tendrá que hacer un contrato por obras y servicios de
jornada media- irregular. No arriesgaré problemas con hacienda. El salario será
equivalente a bono por comida y transporte. Tú estarás a cargo. No quiero
quejas- dijo, volviéndose a mirar la pantalla del ordenador.
Junsu dio un gritito de jubilo y saltó a sus brazos,
sentándose en su regazo mientras le besaba.
-
¿Sabes
que te amo, verdad?
-
Más
te vale- masculló entre sus labios.
Yunho miró a Heechul, quien aún echaba chispas. Sonrió, no
lo podía evitar. Su mano aún sentía el frío contacto de la piel de Jaejoong,
tan fría que era como si le hubiese quemado.
Recordó esa noche, sus ojos sinceros, su voz: “Que tengas una buena jornada...” ”Con
tanto ruido, el silencio resulta un poco doloroso...” ”Qué regreses a salvo a
casa”... Palabras tan simples y
sin embargo, él las había buscado por mucho tiempo, sin hallarlas. Tenía razón, era un artista, no podía ser de otra
manera. Había sabido que lo era en cuanto miró su nombre en la tarjeta: Kim Jaejoong ¿Quizás esa era la razón por la
que había permanecido con él toda la
noche? Muchos otros le habían dado tarjetas con su nombre y número, en servilletas escritas con apuro o con
promesas de sexo divino.
No recordaba ninguno de
ellos ¿Quizás había sido porque “Kim Jaejoong” miraba la luna? Dentro del
bar y al salir, la luna llena
parecía atraerle como a una mariposa nocturna una antorcha encendida ¿Era por eso que se había ido a la cama
pensando si “Kim Jaejoong” habría regresado a salvo a su hogar? Devolver esas palabras amables, que él había buscado tanto
en vano, y habían salido tan
fácilmente de boca de un joven poeta... Poeta no, escritor... No, poeta estaba
bien.
Yunho sonrió. Le agradaban los artistas. Veían el mundo con
una luz que parecía nadie más notaba. Él no podía verla, claro, era una persona
simple, pero admiraba a quienes sí. Instintivamente estiró la espalda, donde su
Oso Grizzli, su guardián reposaba.
Su mejor amigo desde hacía años lo había despertado en su
piel para él. Su hermano, quien le había traído a la vida con los trazos de su
tinta, para darle protección, para que siempre le vigilara. Su runa, su guardián.
Su hermano tenía el regalo de poder ver las cosas invisibles
y valiosas de la vida, y le había enseñado que la verdadera familia está en el
corazón, no en la sangre.
Yunho sabía que el tatuaje que cubría su espalda le hacía
parecer peligroso y erótico, la mayoría de sus ocasionales amantes se lo
decían, arañándole en el ardor de la pasión cuando estaban con él, queriendo
fundirse con las profundidades de su lado oscuro.
Pero pasado el Momento del clímax, lo olvidaban o lo relegaban
a un capricho de juventud. Pero para Yunho era mucho más. Era un regalo de amor.
-
Oye, Yunho,
dime la verdad. ¿Tú conoces a ese tipo?- le increpó Heechul, con
un tono chillón en la voz.
Yunho sacudió la cabeza en una negativa
-
Sabes
que es un raro, no? Le recuerdo de la otra noche, claro que sí. Dime, quién
viene a un bar a pedir un refresco, para luego quedarse mirando al techo?... Y
yo no me trago eso de que sea escritor ni nada... No, no.
Mira,
hay tipos muy raros y peligrosos en este mundo, te lo aseguro yo. Y nada peor
que los que parecen inocentes. Espero que Junsu tenga más sentido común y no se
le ocurra llamarle. O me va a escuchar. Puedo ser una arpía cuando me lo
propongo
le aseguró, volviendo a su trabajo con las botellas. Heechul
tenía un año más que él trabajando en el bar, y hasta ese momento, nunca le
había necesitado para acabar sus conversaciones.
En el fondo lo agradecía. No era muy dado a las palabras
superfluas y menos cuando su mente se hallaba prisionera de inesperadas sensaciones.
Sus ojos se dirigieron a la ventana, por donde el reflejo
débil de la tarde alimentaba el color del cristal, haciéndole despertar. Sí, le
había visto antes pero no supo entenderlo. Jaejoong había reconocido de
inmediato la vida florecer en el cristal, y se la había Mostrado sin orgullo ni
egoísmo, con la alegría de quien tiene tanto para dar, que lo da todo a manos
llenas.
Luego de darle una buena dosis de amor a su Japones, Junsu
bajó la escaleras de las oficinas y se apoyó en el bar, mirando la espalda de Yunho
mientras bajaba las sillas y limpiaba los toneles que usaban como improvisadas
mesas.
Diablos, el chico tenía un buen trasero. Estaba comprometido
y amaba a su Japones, pero mirar no estaba prohibido. A su espalda un resoplido
enfadado le llamó la atención.
-
Ya
estás cansado, cariño? Tal vez deberías restringir las actividades nocturnas
los días de trabajo
le Molestó. Kim Heechul hizo un Mohín aniñado. Para ser un
guapo chico de 25, que se llevaba a la cama a un tipo diferente cada miércoles,
estaba seguro que para tener sexo hasta poco antes de regresar a trabajar el jueves,
ese gesto siempre le hacía parecer de 12.
-
Junsu,
sabes que te quiero, y quiero lo mejor para el negocio, verdad?
-
Claro
cariño. Todos nos amamos porque somos una gran familia- le respondió con una resplandeciente
sonrisa. Su gesto se hizo aún más infantil, al igual que su voz.
-
No
confío en ese tipo que vino esta tarde. Me da escalofríos, y tú sabes que mis
escalofríos nunca fallan.
-
No te
preocupes cariño, nada está decidido aún. Y sabes bien, que no soy yo quien da
las órdenes aquí- le respondió conciliadoramente. Notó que Yunho les miraba
de reojo.
Heechul salió de la barra y se acercó a él.
-
Pero
estoy preocupado. Y sé que tú también lo estás. Hay tanta gente malvada en el mundo...
No quiero poner a mi familia en peligro
Junsu casi pudo ver a Yunho rodar los ojos exasperado. Heechul
siempre sacaba la carta del amor familiar cuando quería algo.
Sabía que su propia familia lo había repudiado cuando les
dijo que era gay, y había pasado unos malos meses vendiéndose en las calles
para poder sobrevivir, hasta que ellos le encontraron.
No era un chico vil, y era un estupendo barman, pero tendía
a ser altamente celoso y posesivo con ellos, comportándose como un niño que no
quería compartir sus juguetes con nadie más, haciendo una rabieta cuando veía
peligrar la atención sobre él.
Por suerte con Yunho se llevaba bien, principalmente porque
él actuaba como un hermano mayor condescendiente y algo distante, que no
requería la atención de sus padres sustitutos.
Junsu sabía que Heechul no quería a nadie más en su terreno,
que le diera competencia. Se preguntaba si Jaejoong sería capaz de resistir el
asalto, si atacaría o por el contrario se escudaría en la indiferencia.
Sería interesante de ver. Y la reacción de Yunho a ello. Sí,
hacía mucho que no le había visto perder el paso por nadie, en realidad nunca,
y eso le intrigaba. Se preguntaba si la insistencia y desesperación de Jaejoong,
serían únicamente por el local o había algo más allí.
Quién era él para juzgar el destino de nadie? Pero podía
jugar un poquito y divertirse en el proceso. Tomó la mano de Heechul, que
descansaba en su hombro y la acarició con suavidad.
- Te
entiendo, créeme, pero no depende de mí, cariño y lo sabes. Pero no te
preocupes. Sea lo que sea, lo afrontaremos juntos. Como siempre-
dijo con una sonrisa, dando por finalizado el tema.

Jajaja osea otro motivo mas para que se quede jae es q le gusta a yunho XD esa no la vi venir y reí 😂
ResponderBorrarSiiii Junsu se dio cuenta, claro que Yunho siente algo por el je je
ResponderBorrarEs que actualmente dependiendo el mundo donde te muevas es difícil mas no imposible encontrar personas muy amables y cordiales y eso cautivo a Yunho.
ResponderBorrarGracias!!!