jueves, 26 de marzo de 2015

PUB - CAP 3.- Lo que ellos pensaban


-          Vaya, vaya. Esto se pone muy interesante

Sonrió malvadamente Junsu, dejándose caer sobre la silla frente al escritorio. Park Yoochun apenas alzó la vista de las facturas que repasaba en el ordenador.

-          ¿Todo bien, cariño?

-          Oh, sí amor. Todo perfectamente bizarro, pero bien.

Yoochun alzó una oscura ceja en su dirección, sin ningún otro gesto en su cara.

-          Imagino que el asunto del chico está concluido

 Junsu asintió, jugando con unos papeles entre sus dedos

-          Bien. No necesitamos más personal

eso zanjaba la cuestión. Se volvió hacia su ordenador, pero algo le inquietó. Junsu estaba en silencio, e Junsu nunca dejaba que nadie tuviera la última palabra. Le conocía demasiado bien. No por nada llevaban 10 años juntos. Se preparó para ello cuando le oyó suspirar.

-          ¿Sabías que el bar fue una antigua iglesia metodista de principios de 1900?

-          Por supuesto. Fui yo quien compró el edificio.

-          Con la herencia de tu tío- él solo asintió- Mmhh. Siempre me pregunté porqué habías dejado el vitral en esa ventana.

-          Es antiguo.

-          Pero cambiaste los otros

Yoochun le miró a los ojos. Junsu alzó las manos

-          Solo digo, que me parece curioso... ¿Sabías que la luna llena se refleja allí? Y estalla en prismas de colores dijo con gesto teatral.

-          A dónde quieres ir? Suéltalo ya

Junsu se acercó a él, enredando los dedos en su cabello, de esa manera sexy que tenía cuando quería algo.

-          Hay un escritor incipiente, enamorado de tu local y de tu ventana. Y vino a pedir... No, ha suplicar que le dejásemos trabajar aquí. Sin sueldo. Solo quiere comida y transporte.

-          No nos hace falta personal.

-          Tal vez algo de limpieza, fregar los suelos. El baño... ya sabes que como se pone Heechul cuando le toca limpiar el baño.

-          No tenemos presupuesto.

-          Tal vez por un par de semanas... Claro, bajo estrecha vigilancia. Nada de acercarse a la caja. Heechul le vigilará como un halcón

Yoochun sonrió. Qué él era el jefe? Vaya patraña, podría haber comprado el edificio y pagar las facturas, y encargarse de todo lo legal, pero no era quien tenía la última palabra.

Kim Junsu, era un coreano  implacable, tanto en la cama como fuera de ella, y Yoochun, con toda su sangre Japonesa no podía contra él, cuando se le metía algo en la cabeza. Miró a los ojos de su amante.

-          ¿Razones?

-          Bueno, es un artista en germinación, algo desesperado debo decir. Ama el local. Y...

Junsu le dio una sonrisa malvada.

-          Y?

-          Creo que Yunho siente algo por él

Yoochun alzó una ceja. Jung Yunho llevaba con ellos dos años. Había dejado la universidad sin acabar y se había dedicado a trabajar desde los 21.
Era una belleza masculina de 1.86, pero no rezumaba testosterona por todos los poros, como se podría pensar.

Si hubiera una palabra para describirlo, Junsu habría dicho de inmediato “oso de miel”; Yunho parecía un animal sexy y peligroso a simple vista, pero Junsu se lo imaginaba perfectamente a juego con un pijama de Pororo y zapatillas de peluche, tomando cocoa bajo su manta favorita en el invierno. Y todo, porque la primera vez que le invitaron a comer (costumbre que tenían al cerrar un contrato) pidió de postre el “mega helado de choco-crunchis” y prácticamente babeó, cuando la empleada que les tomó nota sacó un bolígrafo del mencionado beagle.

Como no pudo despegar sus ojos del bolsillo donde estaba el lapicero, terminó la comida con la pícara empleada alargándole una nota con su número.

Junsu todavía se reía de ello, recordando la expresión sonrojada del chico. Pero no era de extrañar. Yunho tenía algo de los nativos Coreanos, evidente por las facciones de su rostro, aunque su piel era más clara que los habituales coreanos de esas zonas y sus ojos marrones eran tan claro, que con un ligero efecto de la luz, parecían Dorados.

Extraña y bella combinación que llamaba poderosamente la atención, junto con su aparente ferocidad. Se había criado en hogares de acogida. Era un buen chico, serio y responsable. Nunca había cedido a los coqueteos de Junsu, y eso Yoochun lo agradecía.

Sabía que había tenido citas de vez en cuando, fuera del horario de trabajo (información proporcionada por “el chismorreo 24 horas” de Heechul) pero nada formal. Y parecía que así se mantenía hasta ahora. Quizás nadie llenaba sus expectativas.

La mayoría de los clientes del bar intentaban llamar su atención, de forma indirecta y a veces demasiado directa, pero el chico parecía haber dibujado un halo en torno a él que le hacía parecer distante. Y eso, para los cazadores de presas mayores era un reto más que excitante.

Por eso habían puesto una cámara fuera de la puerta, aparte de la de la barra. Querían mantenerle seguro. O quizás, a los clientes que se atrevieran a pasar su línea territorial.

Yunho tenía músculos suficientes como para mandar a cualquier indeseable al otro lado de la calle, aunque de Momento eso nunca había pasado.

Junsu se reía de ello, diciendo que su lado “Pororo” ganaba siempre la batalla. Pero aún así, había una diferencia entre ser amable y “estar interesado”.

Además, Junsu había dicho “sentir algo por él” y había un mundo de significados en esas palabras, Yoochun lo sabía bien. Por eso era tan raro que un chico salido de la nada, que se auto proclamaba “escritor”, y de aspecto tan poco interesante, llamara su atención.

Si quisiera, Yunho podría tener chicos guapos y dispuestos a sus pies cada noche (fuera del horario de trabajo, claro) Era un caso por lo
demás intrigante. Además, Junsu parecía vibrar con la idea.

Yoochun suspiró, pasándose la mano por la cara ¿Cuándo llegaría el día de su jubilación? Amaba su bar y oh sí, amaba su vitral que miraba hacia su tierra natal, pero a veces era tan duro...

Sabía, desde que había iniciado la conversación, que no iba a ganar. Solo le quedaba una cosa por hacer.

-          Dos semanas, nada más. Tendrá que hacer un contrato por obras y servicios de jornada media- irregular. No arriesgaré problemas con hacienda. El salario será equivalente a bono por comida y transporte. Tú estarás a cargo. No quiero quejas- dijo, volviéndose a mirar la pantalla del ordenador.
                               
Junsu dio un gritito de jubilo y saltó a sus brazos, sentándose en su regazo mientras le besaba.

-          ¿Sabes que te amo, verdad?

-          Más te vale- masculló entre sus labios.




Yunho miró a Heechul, quien aún echaba chispas. Sonrió, no lo podía evitar. Su mano aún sentía el frío contacto de la piel de Jaejoong, tan fría que era como si le hubiese quemado.

Recordó esa noche, sus ojos sinceros, su voz: “Que tengas una buena jornada...” ”Con tanto ruido, el silencio resulta un poco doloroso...” ”Qué regreses a salvo a casa”... Palabras tan simples y sin embargo, él las había buscado por mucho tiempo, sin hallarlas. Tenía razón, era un artista, no podía ser de otra manera. Había sabido que lo era en cuanto miró su nombre en la tarjeta: Kim Jaejoong ¿Quizás esa era la razón por la que había permanecido con él toda la noche? Muchos otros le habían dado tarjetas con su nombre y número, en servilletas escritas con apuro o con promesas de sexo divino.

No recordaba ninguno de ellos ¿Quizás había sido porque “Kim Jaejoong” miraba la luna? Dentro del bar y al salir, la luna llena parecía atraerle como a una mariposa nocturna una antorcha encendida ¿Era por eso que se había ido a la cama pensando si “Kim Jaejoong” habría regresado a salvo a su hogar? Devolver esas palabras amables, que él había buscado tanto en vano, y habían salido tan fácilmente de boca de un joven poeta... Poeta no, escritor... No, poeta estaba bien.

Yunho sonrió. Le agradaban los artistas. Veían el mundo con una luz que parecía nadie más notaba. Él no podía verla, claro, era una persona simple, pero admiraba a quienes sí. Instintivamente estiró la espalda, donde su Oso Grizzli, su guardián reposaba.

Su mejor amigo desde hacía años lo había despertado en su piel para él. Su hermano, quien le había traído a la vida con los trazos de su tinta, para darle protección, para que siempre le vigilara. Su runa, su guardián.

Su hermano tenía el regalo de poder ver las cosas invisibles y valiosas de la vida, y le había enseñado que la verdadera familia está en el corazón, no en la sangre.

Yunho sabía que el tatuaje que cubría su espalda le hacía parecer peligroso y erótico, la mayoría de sus ocasionales amantes se lo decían, arañándole en el ardor de la pasión cuando estaban con él, queriendo fundirse con las profundidades de su lado oscuro.

Pero pasado el Momento del clímax, lo olvidaban o lo relegaban a un capricho de juventud. Pero para Yunho era mucho más. Era un regalo de amor.

-          Oye, Yunho, dime la verdad. ¿Tú conoces a ese tipo?- le increpó Heechul, con un tono chillón en la voz.

Yunho sacudió la cabeza en una negativa

-          Sabes que es un raro, no? Le recuerdo de la otra noche, claro que sí. Dime, quién viene a un bar a pedir un refresco, para luego quedarse mirando al techo?... Y yo no me trago eso de que sea escritor ni nada... No, no.

Mira, hay tipos muy raros y peligrosos en este mundo, te lo aseguro yo. Y nada peor que los que parecen inocentes. Espero que Junsu tenga más sentido común y no se le ocurra llamarle. O me va a escuchar. Puedo ser una arpía cuando me lo propongo

le aseguró, volviendo a su trabajo con las botellas. Heechul tenía un año más que él trabajando en el bar, y hasta ese momento, nunca le había necesitado para acabar sus conversaciones.

En el fondo lo agradecía. No era muy dado a las palabras superfluas y menos cuando su mente se hallaba prisionera de inesperadas sensaciones.

Sus ojos se dirigieron a la ventana, por donde el reflejo débil de la tarde alimentaba el color del cristal, haciéndole despertar. Sí, le había visto antes pero no supo entenderlo. Jaejoong había reconocido de inmediato la vida florecer en el cristal, y se la había Mostrado sin orgullo ni egoísmo, con la alegría de quien tiene tanto para dar, que lo da todo a manos llenas.



Luego de darle una buena dosis de amor a su Japones, Junsu bajó la escaleras de las oficinas y se apoyó en el bar, mirando la espalda de Yunho mientras bajaba las sillas y limpiaba los toneles que usaban como improvisadas mesas.

Diablos, el chico tenía un buen trasero. Estaba comprometido y amaba a su Japones, pero mirar no estaba prohibido. A su espalda un resoplido enfadado le llamó la atención.

-          Ya estás cansado, cariño? Tal vez deberías restringir las actividades nocturnas los días de trabajo

le Molestó. Kim Heechul hizo un Mohín aniñado. Para ser un guapo chico de 25, que se llevaba a la cama a un tipo diferente cada miércoles, estaba seguro que para tener sexo hasta poco antes de regresar a trabajar el jueves, ese gesto siempre le hacía parecer de 12.

-          Junsu, sabes que te quiero, y quiero lo mejor para el negocio, verdad?

-          Claro cariño. Todos nos amamos porque somos una gran familia- le respondió con una resplandeciente sonrisa. Su gesto se hizo aún más infantil, al igual que su voz.

-          No confío en ese tipo que vino esta tarde. Me da escalofríos, y tú sabes que mis escalofríos nunca fallan.

-          No te preocupes cariño, nada está decidido aún. Y sabes bien, que no soy yo quien da las órdenes aquí- le respondió conciliadoramente. Notó que Yunho les miraba de reojo.

Heechul salió de la barra y se acercó a él.

-          Pero estoy preocupado. Y sé que tú también lo estás. Hay tanta gente malvada en el mundo... No quiero poner a mi familia en peligro

Junsu casi pudo ver a Yunho rodar los ojos exasperado. Heechul siempre sacaba la carta del amor familiar cuando quería algo.

Sabía que su propia familia lo había repudiado cuando les dijo que era gay, y había pasado unos malos meses vendiéndose en las calles para poder sobrevivir, hasta que ellos le encontraron.

No era un chico vil, y era un estupendo barman, pero tendía a ser altamente celoso y posesivo con ellos, comportándose como un niño que no quería compartir sus juguetes con nadie más, haciendo una rabieta cuando veía peligrar la atención sobre él.

Por suerte con Yunho se llevaba bien, principalmente porque él actuaba como un hermano mayor condescendiente y algo distante, que no requería la atención de sus padres sustitutos.

Junsu sabía que Heechul no quería a nadie más en su terreno, que le diera competencia. Se preguntaba si Jaejoong sería capaz de resistir el asalto, si atacaría o por el contrario se escudaría en la indiferencia.

Sería interesante de ver. Y la reacción de Yunho a ello. Sí, hacía mucho que no le había visto perder el paso por nadie, en realidad nunca, y eso le intrigaba. Se preguntaba si la insistencia y desesperación de Jaejoong, serían únicamente por el local o había algo más allí.

Quién era él para juzgar el destino de nadie? Pero podía jugar un poquito y divertirse en el proceso. Tomó la mano de Heechul, que descansaba en su hombro y la acarició con suavidad.


-        Te entiendo, créeme, pero no depende de mí, cariño y lo sabes. Pero no te preocupes. Sea lo que sea, lo afrontaremos juntos. Como siempre- dijo con una sonrisa, dando por finalizado el tema.

3 comentarios:

  1. Jajaja osea otro motivo mas para que se quede jae es q le gusta a yunho XD esa no la vi venir y reí 😂

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  2. Siiii Junsu se dio cuenta, claro que Yunho siente algo por el je je

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  3. Es que actualmente dependiendo el mundo donde te muevas es difícil mas no imposible encontrar personas muy amables y cordiales y eso cautivo a Yunho.

    Gracias!!!

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