Todo comenzó esa noche de
luna llena. Ahí estaba yo, frente al primer bar gay que había pisado en mi
vida. Lo había encontrado en las páginas amarillas, navegando por la red.
Patético, sí, pero efectivo para alguien que no tenía ninguna experiencia
previa con hombres. Sabía que no estaba vestido con ropa adecuada a la ocasión,
y lo más probable era que nadie se fijara en mí, ya que mi gran atractivo no se
encontraba en los terrenos físicos, sino más bien en los intelectuales. Pero
tenía que romper el hielo y vencer mi timidez de una vez por todas.
Pero en cuanto vi el
edificio, me quedé muy impresionado. Era una estructura antigua que había sido
Modernizada, pero conservaba su clásica belleza irlandesa. Siempre me ha
fascinado esa cultura, sobre todo la magia que encierran sus orígenes celtas.
Me había mudado hacía poco al barrio más pobre de la ciudad, después de
quedarme sin empleo debido a la crisis, pero tenía algo de dinero ahorrado.
Bueno, para un escritor en
ciernes, toda oportunidad es buena para buscar inspiración. Además, después de
muchos años de ignorar a mis sentimientos, por fin había aceptado mi
bisexualidad coMo algo natural. Había salido con chicas por años, pero también
me sentía atraído por los de mi propio género, y eso era algo confuso para mí.
Después de dejar la casa de mis padres y viajar al continente de mis abuelos
para encontrar una nueva vida, me había permitido a mí mismo abrir la puerta a
todas las posibilidades.
Por suerte para mi alma de
artista, el edificio donde estaba el local había resultado tener una belleza
que logró sobrecogerme. Si no conseguía conocer a nadie esa noche, al menos me
iría con un hermoso recuerdo de la antigua fachada clásica. Estuve mirando unos
minutos el ir y venir de la gente, hasta que decidí entrar.
En la puerta se hallaba un
chico alto y fornido, vestido de negro y con expresión de pocos amigos. No
había ido a muchos bares o discotecas mientras estudiaba (nunca se me había
dado bien la “vida nocturna”) aunque había oído cosas de mis compañeros en la
universidad: los porteros nunca te dejaban entrar con tenis y ropa informal.
Aunque no usaba zapatillas deportivas (odiaba que terminaran oliendo mal)
llevaba unos zapatos bastante informales y ropa normal, pero esperaba que al
ser un bar- pub, el código de vestuario no fuese un impedimento para entrar. Al
aproximarme, pude ver de cerca el rostro del portero.
Tenía un gesto serio, pero
sus ojos no me hablaban de crueldad o maledicencia. No creí que debido a mi
bajo tamaño, realmente no soy tan pequeño, pero él era más alto que yo y se
podía ver una diferencia entre él y yo. Además de mi escasa musculatura, en
comparación a la suya, me cogiera por el cuello del abrigo y me tirase a un
lado del camino entre insultos, nada más verme. Es más, su rostro gritaba un
claro: “Éste es mi trabajo. No cruces la línea”, supuse que bastante necesario,
puesto que era un chico muy guapo. Seguro que recibiría invitaciones para
“fiestas de piyamas” cada noche. Un chico así, lo tenía muy fácil a la hora de
encontrar compañía.
Nada más empezar a sentir
envidia y cierta curiosidad por él, una pareja salió del local, trayendo con
ellos el ruido de la música, el olor a humo y alcohol.
-
Adiós, dulzura. Cuando quieras podemos
quedar para “charlar” un rato... Los tres- le dijo en tono cómplice, un rubio
de sonrisa bella y pícara, apretando los dedos de su amigo.
El chico de la puerta
apenas hizo gesto alguno, ni siquiera le miró, pero su indiferencia lejos de
apagarle, pareció dar ánimos al rubio adonis quien volvió a reír.
Mientras se alejaban, le oí
suspirar quedamente. -Buenas noches- le saludé con suavidad, viendo como se
sobresaltaba. Me había acercado hacía un rato, pero como estaba entre las
sombras, no me había visto. Eso me hizo sonreír. Sus ojos parecían enormes por
la sorpresa
-
Me gustaría entrar. Es la primera vez
que vengo expliqué, más por la necesidad de derrotar a mis nervios con una
buena dosis de cortesía, que por otra cosa.
Me miró por unos segundos
sin hablar. Luego pestañeó como si recordara.
-
Los menores no pueden entrar. Tienes
alguna identificación?
-
Sonreí por dentro.
Lo sabía, siempre me
confundían con alguien de menos edad. No me importaba, estaba acostumbrado.
Saqué la billetera y le di mi tarjeta de identificación. Llevaba ocho años
viviendo en ese país, desde los 24.
Parecía que el tiempo
volaba, llevándose mi juventud. El chico miró la tarjeta, frunciendo
ligeramente el ceño y luego mirando en mi dirección. No pude evitar una
sonrisa.
-
Me siento halagado. Qué lo consideren a
uno menor, cuando está cada día más cerca de los 40, es todo un honor- le vi
esconder una sonrisa.
-
Pasa- me dijo, estirando la tarjeta de
regreso.
-
Gracias. Y que tengas una buena jornada-
me despedí, tan nervioso como estaba, ahora que iba a entrar en el mundo del amor
adulto entre hombres. Me miró frunciendo un poco el ceño.
Abrí la puerta y lo primero
que me golpeó fue el ruido.
Música que parecía vibrar
en todo, suelo, paredes, en mi cuerpo, flotando en la penumbra, haciendo eco
con los latidos de mi corazón, ahogando todas las voces. Me sentí un poco
confuso porque esperaba un ambiente más iluminado, más apto para la charla,
pero entendí que esto era lo correcto, un ambiente para Moverse en busca de una
presa de una sola noche, enmascarado por el ruido, el humo, y el perfume de la lívido.
Sentí que no era mi
ambiente, sabía que no iba a serlo, pero quería probar, necesitaba salir de mis
espacios seguros y conocer cosas distintas. Me acerqué a la barra, notando que
unos focos iluminaban de manera indirecta al chico que servía. Otra belleza,
pero esta vez más afeminada, distinto del chico masculino y fornido de la
puerta. Se Movía como un cisne en su elemento, recogiendo vasos, llenando
copas, recolocando las botellas, parecía como si se Moviera al ritmo de la
música. Llevaba ropa ajustada y que dejaba muy poco a la imaginación. Y unos
locos pelos de tonos rojos, con algunos piercings, le sentaban estupendamente.
Yo me hubiese visto como un
payaso de circo sin ninguna duda con su aspecto. Pensé en el portero. Llevaba
el cabello corto de color castaño, ningún adorno en su cara o en su cuerpo,
solo su masculina belleza natural. Yo carecía de la gracia del chico en la
barra y de la masculinidad del de la puerta ¿Estaría bien estar aquí? Quizás el
mundo gay no era para mí...
-
¿Qué te pongo, cariño?
- me preguntó el bello
chico. Sus palabras me sobresaltaron, no porque no las esperara, sino por el
inesperado “cariño”.
Era la primera vez que un
hombre me llamaba así.
-
Un refresco, por favor- dije con el
corazón aún sobresaltado.
Con floridos Movimientos,
me sirvió en un vaso con hielo el contenido de una botella pequeña.
-
Son 6 con 50
busqué en mi billetera el
precio exacto, calculando mentalmente que por ese precio podría comprar un
paquete de cervezas de las más baratas en el súper.
Pero no estaba allí esa
noche para ser tacaño, sino para aprender. Y tampoco quería tomar algo más
fuerte que un refresco. Si iba a ser mi primera experiencia en el mundo gay,
quería estar sobrio, aunque estuviese aterrado. Aferré mi bebida y me di la
vuelta, contemplando el paisaje.
Un grupo de cuerpos se
apiñaban en la pista al son de la música, y pude reconocer algunos que se movía
muy juntos, rozándose unos a otros en una danza erótica. Me sorprendió pero no
me disgustó. Siempre he amado la música, y el amor, ya sea entre gente
heterosexual u homosexual, si está bien expresado no me parece incorrecto.
Mi mente de escritor tomó
nota de lo que veía para futuras referencias. Sí, siempre había deseado
escribir algún relato homo erótico con ambiente de bares, música y alcohol, y
esa era otra razón para estar allí esa noche. De pronto, entre el ruido de la
música y los bailarines, una luz me atrajo.
Hacia la derecha y cerca
del techo, había una pequeña ventana de cristales coloreados, como los vitrales
de una iglesia. Miré al rededor de los otros muros buscando más, pero era la
única. La luz de la luna llena entraba a través de ella, coloreando suavemente
la pulida madera del suelo. La música se apagó de repente y todo se sostuvo en
aquella luz. Hacía algunos años, apenas recién llegado al viejo continente,
había viajado por distintos países para conocer un poco más de Europa.
En París, me había enamorado
del (1)Sacre Coeur, una blanca basílica en lo alto de una colina, cuya mayor
belleza son los antiguos vitrales por donde la luz entra a todas horas del día,
dibujando sombras coloridas en los blancos y pulidos pilares de mármol que la
sostienen. Y allí, en medio del bullicio agitado de cuerpos sudorosos de calor
y deseo, esa simple, pura luz de prismas, llenó mi corazón de una sagrada
reverencia.
-
Hey, mira donde te pones
Me dijo una voz extraña y
brusca, chocando un cuerpo contra mí.
No me había dado cuenta de
que me había acercado a mirar la ventana, poniéndome en el camino de los que
iban al servicio. Una esquina un poco más allá me trajo el atisbo de cuerpos
apretujados entre las sombras, y sonidos de besos y gemidos apagados por la música.
-
-Lo siento- susurré al desconocido, sabiendo que
no me oiría y no le importaría.
Cuando se alejó, miré de
nuevo los colores que traspasaban la espesa oscuridad anidando en mi corazón, y
una pena Mortal cayó sobre mí- Qué estás haciendo aquí, Kim Jaejoong? Éste no
es tu lugar- me dijo la voz en mi mente que añoraba paisajes antiguos, bosques
silenciosos y capillas derruidas en medio de claros bañados por la luna, donde
pudiese refugiar mis pensamientos e inquietudes.
No un bar, no música, ni
ruido, ni cuerpos desconocidos y sudorosos de sexo rápido y anónimo. No aquí,
no ahora, ni en esta época. Mi corazón pertenecía a las eras más inocentes,
cuando aún quedaban bosques en los que caminar por la noche, sin temor a que te
atropellara un coche derrapado o que te matara un loco por un par de billetes.
Mi anhelo de conocer, de
comprender, de adaptarme al mundo real en el que vivía, siempre terminaba
chocando contra mis sueños. Y despertar era doloroso- Este mundo no es para ti,
Jaejoong. Vuelve a tus cuatro paredes, a tus escritos, a tus sueños, donde estás
a salvo del mundo y de la realidad...
La gente del mundo real no
se enamoraba de la luz de luna, atrapada entre los colores de una ventana en un
bar. Miré el vaso vacío. No encontraría respuestas en los cubitos de hielo.
Volví la vista a la barra y vi al chico de la puerta atendiendo allí. No me
atreví a acercarme, pero le observé a la distancia. Manejaba las cosas con
soltura, pero sin la gracia del otro.
Sonreí. Verle limpiar vasos
con cuidado y pasar el paño sobre la madera de forma suave y diligente, era un
evidente contraste con su porte tan masculino e intimidante, pero de alguna
manera me pareció encantador. E inesperadamente me tranquilizó.
-
Hey, Quieres que nos conozcamos mejor?
He visto que me sonreías y he pensado, Porqué no? Si quieres pasar un buen
rato, podemos ir a un lugar más tranquilo -
oí una voz a mi espalda.
Me giré, notando el cuerpo
de un chico cerca de mí, apoyado en el muro. No podía verle muy bien el rostro,
pero sí el pulgar que apuntaba al baño. Dijo que le había sonreído? Cuándo?
-
Ehhh, lo siento, pero... No estoy
interesado- intenté sonar firme, pero educado. Tan alto como era, me podía
mandar al suelo de un manotazo.
-
En fin, tú te lo pierdes- dijo antes de marcharse por otra
presa fácil. Sentí que mi mano temblaba un poco, con el vaso tan apretado que
me dolían los dedos. Entonces, las cosas eran así?
-Claro idiota, Qué
esperabas? Bombones y rosas?- me recriminó mi demonio interior. Ya sabía la
respuesta. Miré por última vez la hermosa luz que se filtraba por el coloreado
cristal, pero sin sonreír, no quería más malos entendidos.
La tristeza me golpeó una
vez más, pero al mismo tiempo la resolución. Me volví y acerqué a la barra con
paso firme. Al dejar el vaso, vi al chico cisne en animada conversación con un
cliente. Así que el otro estaba en la puerta.
-Gracias- susurré al alejarme en dirección a la
salida.
Al abrir, me golpeó el aire
frío y sentí que refrescaba mi piel y mis pensamientos. El silencio, en
contraste al ruido interior, hizo que me dolieran los tímpanos. El chico de
negro estaba allí, en su postura de estatua guardiana.
No se giró tampoco cuando
la puerta volvió a abrirse. Me hice a un lado, para dejar pasar a una pareja
que no paraba de besarse. Me acerqué con cuidado, poniéndome al lado del chico,
mientras los miraba alejarse entre arrumacos. No quería que se asustara de mi
presencia otra vez.
-
Con tanto ruido, el silencio resulta un
poco doloroso- le dije en voz baja,
consciente de lo algodonosa que sonaba mi voz en mis propios oídos.
Creí que no me había
escuchado, pero tras unos segundos, asintió en mudo gesto. Volví el rostro y le
miré de frente. Sus ojos se encontraron con los míos, y a pesar de la escasa
luz que iluminaba la puerta, pude ver que eran de castaño claro, tan claro que
parecían de color miel. Eso era, tenia los ojos color miel.
No pude evitar sonreír.
Eran hermosos y solemnes, llenos de ricas emociones. Había esperado encontrar
frialdad o vacío en ellos, y eso me alentó.
-
Me marcho ya. Buenas noches. Y que
regreses a salvo a casa-
Me despedí, alejándome con el corazón por lo menos un poco más entero.
Ser gay no significaba ser
del todo un ser frío y carente de emociones, o ser solo un demonio del sexo, no
tenía porque ser así. Al alejarme por el camino, volví la vista y miré la luna
asomándose redonda y hermosa sobre el techo del local, un enorme botón de plata
brillando contra el cielo oscuro.
Mis ojos volvieron hacia
él, una sombra firme contra la luz oscilante de la puerta que se abría y cerraba,
y me pareció que por un momento me devolvía la mirada. Quizás lo imaginé, pero
me pareció ver que luego miraba el cielo a su espalda. Sonreí, pensando que esa
noche no solo yo disfrutaría de la luna llena.
Jae quiere conocer nuevas experiencias y .al final cuando creía q todo salio mal se topo con un lindo portero q llamo su atención **
ResponderBorrarEl inicio de jae llendo al bar gay para conocer .... me recordó una serie q vi hace tiempo: "queer as folk " pero tu historia es completamente diferente y ya me enganchooooooo. <3 la recomendaré
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
BorrarJae es tan romantico y profundo, tan hermoso
ResponderBorrarme encanta
gracias por el cap, sehuire leyendo
aunque se dio cuenta de que no era su ambiente al final no fue tan mala su visita
ResponderBorrarvio por primera vez al hermoso portero y no sera la ultima vez que se encuentren :3
gracias por compartir ^^
Quién será el hermoso portero?, espero se vuelvan a encontrar, pues Jae creo no volverá por ahí, pues no fue mut de su agrado.
ResponderBorrarGracias!!!